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¿Cómo es que quiero contar historias?

¿Cómo es que quiero contar historias?

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Para mí no existe una fórmula mágica o una manera exacta de convertirse en un podcaster, y la verdad, nadie lo sabe con completa exactitud.
Bitácora de una podcaster a la que le da miedo ser una “plastilina”

El formato de Podcast es relativamente nuevo, fue acuñado por primera vez en el 2004 por un periodista inglés, y de ahí en adelante, el resto es historia. Y aunque sería cool profundizar en la historia detrás de todo este cuento, les prometo que se las contaré otro día. 

Creo que hacer podcast todavía sigue siendo algo bastante empírico y que se puede trabajar desde muchos lados y puntos de vida que hacen que funcione a la perfección, porque las reglas están para romperse y hay infinidad de cosas que se pueden hacer. 

Yo llegué a Naranja por pura casualidad de la vida. Un domingo, a las 11 de la mañana, los astros se unieron y conspiraron a mi favor, cuando Dani (La negra) me escribió por WhatsApp preguntándome si quería realizar mis prácticas universitarias en una productora de Podcast. Para ese entonces, iba en mi último semestre de Comunicación Audiovisual, lo había aplazado, me había regresado a Bucaramanga, y andaba con un tapabocas puesto pa’ arriba y pa’ abajo. La cosa fue que me pareció súper interesante, pero de primerazo sentí que tenía que rechazarlo porque ya tenía otro trabajo, y además no estaba en Bogotá y no estaba estudiando. A Dani no le importó y me insistió en que los ayudara, así fuera unas cuantas horas a la semana. Para mí, eso fue un mensaje casi que espiritual, así que me monté en el bus sin pensarlo mucho. 

Mi primera tarea fue rehacer un episodio de Empréndete y la verdad lo sentí como si me cogieran a quemarropa, porque sinceramente yo no sabía ni pío de como se hacía un podcast. Había escuchado uno que otro en inglés sobre True Crime, los de Dianita Uribe, Se Regalan Dudas, y esos podcast de meditación que parecen grabados en el celular, pero de resto, yo no sabía nada. Por más comunicadora audiovisual que yo fuera, nunca me habían hablado de podcast, entonces, esto era terreno nuevo, y yo estaba bien asustada, con miedo a cagarla. 

Después de ese primer intento, fui entendiendo varias cosas. Primero, entendí que un podcast no es un programa de radio y tampoco quiere serlo, y creo que eso es un error en el que se suele caer mucho. Aunque sigo sin ser una absoluta experta en el tema, y el formato de podcast es tan maleable como una plastilina, algo que tienen en común las mil formas de hacerlo es que busca cierta intimidad con el oyente, como si a uno le estuvieran contando un secreto, una historia, o un chisme muy bueno. Y de ahí, fui entendiendo como era la cosa. 

A mis manos llegaron muchísimos episodios y shows con tintes y contenidos muy diferentes, tanto así, que me tocó sumergirme y empaparme de temas, que en algún momento me parecían lo más aburrido y difícil del planeta, pero no les niego, que a todos, hasta el día de hoy, les tengo un cariño inmenso.

Empecé con episodios de emprendimiento, para luego moverme a temas financieros, de agricultura, medicina y psicología, que para mi gusto, y en parte, ignorancia, no me llamaban mucho la atención. 

Entonces, llegué a un punto donde, entre mi confusión y frustración por saberlo y entenderlo todo, me dí cuenta de que estaba bien no saber nada y quedarse en blanco de vez en cuando. Ahí fue donde cambié la metodología de cómo quería hacer las cosas, y en eso, me pregunté: ¿Cómo es que quiero contar estas historias? ¡Ding, Ding, Ding! Encendí mi bombillo creativo, que fue el que me inspiró a escoger mi carrera, me limpié los miedos y el síndrome del impostor que nos persigue a todos los creativos como si fuera un monstruo en el clóset o debajo de la cama, y justo en ese momento llegó a mis manos la primera propuesta narrativa y completamente ficcionada de Naranja Media. Se trataba de un podcast de educación financiera de 12 episodios que había comprado El Colombiano en alianza con Bancolombia. Se llamaba “Dame tres minutos y te explico”. 

Aunque ya pasaron varios meses y ando trabajando en cuentos muy diferentes a este, “Dame tres minutos y te explico”, fue lo que me hizo entender que no tenía que dármelas de experta y que no todo se entrega con saco y corbata. Si les soy sincera, este fue el show que me dio la confianza que tengo ahora para producir, no porque fuera difícil o un dolor de cabeza, sino porque me la gocé de inicio a fin, y creo que esa es la clave de hacer grandes episodios: Pasarla bueno.

La dificultad que tenía este show estaba en hablar de diferentes temas financieros y que fuera genuinamente interesante, entendible, divertido y atrapante. Y además, el show iba a ser protagonizado por un tal “Dr. Bolsillo”. De primerazo, no les niego que me pareció bien chistosa la idea, pero me gustaba, entonces la abracé sin miedo y con ganas de hacer las cosas diferentes. 

Si ustedes escuchan los episodios, se van a dar cuenta que son una cantidad de anécdotas y testimonios de diferentes personajes que no supieron manejar sus finanzas y el Dr. Bolsillo nos da varios consejos de cómo hacer las cosas bien. De entrada, la idea parece sencilla, es muy fácil de masticar y muy “light” de escuchar, precisamente porque eso era lo que queríamos, pero hacerla fue un goce que no me va a dar tiempo de contarselos completo.

Eso sí, agradezco al cielo que todo el equipo haya estado tan subido en el bus como yo, porque los primeros draft terminaban con una cantidad impresionante de correcciones por parte del cliente, otras de parte de nosotros, con un sin fin de “noticias” que entregábamos a musicalización para hacer que cada episodio se escuchara delicioso, con otros productores ayudándome en locución, e incluso actuando para el show, y obviamente la infinidad de cambios y de recursividad que le metimos de inicio a fin. Estoy segura de que es eso lo que hizo a “Dame tres minutos y te explico” tan poderoso, y tanto como para regalarnos nuestro primer premio (Los premios INMA 2021, en la categoría de Mejor Audio) y festejarlo porque era nuestro y nos lo merecíamos. 

De ahí en adelante, me fui dando cuenta que este trabajo es cuestión de tener la mente bien abierta y ser igual de maleable y adaptativo a este formato tan nuevo y  tan versátil. Esto no quiere decir que me considere una plastilina o un camaleón para todo. Siento que tengo mi estilo, que no cambiaré por nada, pero eso no me quita las ganas de seguir escuchando y adentrándome en nuevas formas de hacer Podcast, de crear ese sentido de intimidad con el oyente y de que en cualquier tema, por más aburrido que se vea, por allá refundido en algún rincón, en alguna cabeza, o en alguna anécdota podemos decir que #AhíHayHistoria. 

Entonces,

See you later, alligators!

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